7.16.2017

Zoroastrismo, ciudades fantasma y el cumpleaños más deprimente en Irán

IRAN
Como os contaba anteriormente, me puse enfermo y pasé más días de la cuenta en Isfahán retrasando así todo mi itinerario y haciendo imposible cumplir los planes que tenía para celebrar mi cumpleaños en el desierto de Lut. 

Así que allí me encontraba yo aquel día, cruzando el inhóspito paisaje del interior de Irán en en el asiento trasero de un coche de camino a un templo mazdeísta, junto a dos chicos holandeses amantes de las aves que armados con prismáticos iban marcando en una app del teléfono todas las especies de pájaros que veían a través de la ventanilla.
Chak Chak temple, Iran
El Zoroastrismo (o mazdeísmo) nació en la antigua Bactriana, actual Irán, entre el 1600 y el 1200 a.C. a raíz de las enseñanzas del profeta Zaratustra, también conocido como Zoroastro. Los mazdeístas creen en Ahura Mazda, el dios supremo, único y creador del universo entero, principio y fin de todo, y para ellos el fuego es el principal símbolo divino y la manifestación de su eterna energía creadora. 
Chak Chak temple, Iran
Aunque el mazdeísmo fue prácticamente erradicado con la llegada del Islam a Persia, aún se mantiene vivo en algunas comunidades de Irán y la India. Además es una religión con una gran relevancia histórica por su influencia en el Judaísmo y el Cristianismo, en el que se encuentran algunos paralelismos tan sorprendentes que algunos estudiosos consideran que este último simplemente adoptó parte de las tradiciones y estructuras del mazdeísmo y el culto a Mitra (hijo de Ahura Mazda) con las enseñanzas de Jesucristo, aunque me temo esto es un tema demasiado polémico y extenso para tratarlo en esta entrada.
Chak Chak temple, Iran
Nos dirigíamos al famoso Chak Chak (que significa "gota a gota") un templo construido alrededor de una fuente de agua natural en la pared de una montaña rocosa en medio del desierto y uno de los lugares más sagrados para los mazdeistas. 

La leyenda cuenta que en el año 640 Nikbanou, la segunda hija de Yazdeger III, el último emperador Sasanida, en su huída de la invasión árabe rezó pidiendo ayuda a Ahura Mazda y al clavar su cayado en la montaña ésta se abrió protegiendo a la princesa en su interior. Según dicen el agua que brota a través de las grietas son las lágrimas de la montaña llorando por Nikbanou, mientras que del cayado creció el árbol que aún hoy permanece allí. Sea como fuere es sorprendente encontrar una fuente de agua constante en un lugar tan árido y desolado. 
Chak Chak temple, Iran
Chak Chak temple, Iran
Chak Chak temple, Iran
Chak Chak temple, Iran
En cuanto al templo en sí, las vistas desde lo alto son impresionantes, pero al margen de la modesta sala con el fuego eterno y alguna imagen de Ahura Mazda, el resto del complejo consta de modernas estancias para peregrinos y es bastante anodino.
Chak Chak temple, Iran
Chak Chak temple, Iran
Chak Chak temple, Iran
Chak Chak temple, Iran
Después de visitar Chak Chak nos dirigimos a Kharnaq, la que fue en su día una ciudad próspera, bañada por un río y rodeada por tierras fértiles para la agricultura y que hoy por hoy es una verdadera ciudad fantasma después de que sus habitantes se vieran obligados a abandonarla por la sequía y los terremotos.
Karanaq, Iran
Karanaq, Iran
Karanaq, Iran
Karanaq, Iran
Karanaq, Iran
El ambiente es muy inquietante, en las calles de Kharanaq solo se encuentran escombros y silencio. Oscuros corredores y estrechos pasillos abovedados entre los que se vislumbran vestigios de antiguos hogares ahora vacíos y erosionados, que parecen a punto de desmoronarse de un momento a otro  pero que 4000 años más tarde aún se mantienen en pie. La estructura mejor conservada, y la única restaurada, es el minarete de 15m de alto que data del siglo XVII. 
Karanaq, Iran
Karanaq, Iran
Karanaq, Iran
La siguiente parada fue Meybod, una ciudad construida hace 2000 años durante una época previa a la llegada del islam. Visitamos el castillo amurallado que todo y estar parcialmente en ruinas es bastante imponente y desde el que se tienen unas bonitas vistas de toda la ciudad, muy parecida a Yazd por cierto, con edificios de colores ocres que se mimetizan con el paisaje desértico que la rodea. También visitamos un caravanesi y el exterior de la torre de las palomas que no tuve ocasión de ver por dentro porque los holandeses debían volver para coger un autobús aquella misma tarde.
Meybod, Iran
Meybod, Iran
Meybod, Iran
Meybod, Iran
Meybod, IranMeybod, Iran
Meybod, Iran
Tras acompañarles a la estación y despedirme, volví al hotel y aunque era ya tarde decidí ir a visitar el último lugar emblemático de Yazd que me faltaba, las torres del silencio. 
Towers of silence, Iran
Las torres del Silencio son otro importante lugar de culto para los mazdeístas, pues es allí donde realizaban sus ritos funerarios. Hay algunas construcciones y pequeños edificios en los alrededores pero es en lo alto de las colinas coronadas por unas estructuras circulares donde se depositaban los cuerpo de los difuntos para que fueran devorados por los buitres.
Towers of silence, Iran Cuando el taxi me dejó en la entrada solo quedaban 15 minutos para que cerraran el complejo y tube que correr colina arriba para llegar a la cima a tiempo, la verdad es que parecía que estaba más cerca pero fue una buena caminata.

Y allí arriba, mientras recobraba el aliento, me di cuenta de lo extraño y deprimente de la escena y reconozco que me invadió una cierta tristeza, era mi 30 cumpleaños y estaba en un país extraño, lejos de mi familia y amigos y después de visitar desiertos y ciudades fantasma había terminado el día en un enclave aún más sombrío. 
Towers of silence, Iran
Towers of silence, Iran
Towers of silence, Iran En ningún momento cabía en mis planes estar en un lugar así celebrando una fecha tan señalada, pero así era, el infortunio o el destino me habían llevado a estar en Irán, solo, en lo alto de una colina donde antiguamente dejaban a los muertos para ser devorados por aves carroñeras. En ese instante recuerdo que miré a mi alrededor, se estaba haciendo oscuro y contemplé la ciudad que empezaba a iluminarse a mis pies, a un lado una exótica ciudad de oriente medio, al otro los restos de extraños edificios que parecían salidos de una película de ciencia ficción, rodeado por el desierto y algo más allá, las montañas, imponentes picos escarpados que se perdían en el horizonte y tras los que empezaba a descender el sol que con los últimos destellos de un rojo fulgurante acabó desvaneciéndose dejando paso a los tonos fríos y apagados previos al anochecer. Fue un atardecer realmente precioso.
Towers of silence, Iran
Towers of silence, Iran
Towers of silence, Iran
Las cosas no habían salido como había planeado, pero me di cuenta de que al fin y al cabo, haber superado esos días tan duros estando enfermo y aislado, haber dejado atrás los miedos y prejuicios previos a mi viaje a Irán, incluso haber decidido subir allí todo y ser el lugar que era y de estar a punto de cerrar, todo había valido la pena y quizás no era tan malo. Acaso hacerse mayor no consiste en crecer? dejar atrás nuestra zona de confort y ver lo que hay más allá? aquellas vistas me parecieron un regalo inigualable.
Towers of silence, Iran
De repente los gritos del guardia me despertaron de mi ensueño y bajé dando brincos hasta el parking justo antes de que cerraran donde me reencontré con el taxista que estaba haciendo aspavientos asomado por la ventanilla ya desesperado de tanto esperar.

Volví al hotel, me di una buena ducha y me fui a un restaurante a cenar. No tuve pastel, no tuve regalos, no vi a mi familia, ni siquiera funcionaba bien internet, pero todo eso lo tuve unas semanas después de vuelta en Barcelona. Aquel día, con lo bueno y lo malo, fue solo para mi.
Towers of silence, Iran

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